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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Paraná

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Black Torch: cuando un gato negro y un ninja se funden para sobrevivir

La serie animada adapta el manga de Tsuyoshi Takaki, llega con doce episodios a Crunchyroll y propone una fantasía urbana con técnicas ninja, espíritus y un vínculo improbable en el centro de la escena.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Black Torch: cuando un gato negro y un ninja se funden para sobrevivir

Hay algo del aroma a bosque húmedo y a tierra mojada que se queda pegado después de ver los primeros minutos de Black Torch, esa sensación de que estamos entrando en un lugar donde la naturaleza todavía tiene algo que decir, aunque del otro lado aparezca un celular con internet y un departamento con carpetas clasificadas. La serie, disponible en Crunchyroll con doce episodios y menos de seis horas de duración total, adapta el manga de Tsuyoshi Takaki y pone en marcha una fantasía urbana que mezcla técnicas ninja, criaturas sobrenaturales y una convivencia muy particular.

La historia arranca con Jiro, un joven que recibió entrenamiento ninja de su abuelo y que tiene una capacidad poco frecuente: puede comunicarse con los animales. En uno de sus recorridos, se topa con Rago, un mononoke con aspecto de gato negro que lleva años sellado y que aparece herido. Lo que empieza como un rescate en el bosque se transforma rápido en otra cosa, porque otro espíritu ataca, Jiro se interpone para proteger a Rago y termina con una herida de la que no sale vivo por sus propios medios. Para salvarlo, Rago se fusiona con él. Desde ese momento, el muchacho convive con una fuerza sobrenatural que no siempre es fácil de llevar adelante.

Un departamento llamado Black Torch

Esa fusión los lleva directo a la Oficina de Espionaje, donde los dos terminan integrados a un equipo creado especialmente para lidiar con espíritus malignos. Ahí entran en escena una joven y un tercer integrante de carácter más serio, y empieza la otra mitad de la propuesta: la del trabajo en equipo, las misiones y el humor cotidiano de compartir oficina con alguien que tiene un poder fuera de lo común. La convivencia con esa fuerza superior, los combates contra monstruos y la vida dentro de una organización especializada son los hilos que la serie va alternando episodio tras episodio.

La producción, a cargo de 100studio, maneja una animación correcta para una serie breve, con una duración concentrada que entra de una sentada si el espectador se deja llevar. Lo que más llama la atención, lo admito, es cómo está construido el vínculo entre Jiro y Rago, porque termina funcionando como una historia de amistad forzada a los golpes: dos personajes que no se eligieron, se necesitaban, y a partir de ahí empiezan a negociar quién le presta atención a quién. Hay algo ahí, en ese ida y vuelta, que se siente genuinamente cercano y que le da a la serie un ancla emotiva en medio de las peleas.

El manga original tuvo un recorrido breve: arrancó en 2016, pasó al formato digital y se canceló en 2018, con 19 capítulos reunidos en cinco volúmenes. Esa corta extensión ayuda a entender por qué la adaptación es tan comprimida y por qué cada episodio tiene esa sensación de no parar. Como decía al principio, queda flotando un poco el olor a bosque del primer capítulo y, con él, la pregunta sobre qué le va a gustar más al espectador: si el vínculo improbable entre Jiro y Rago o el mundo sobrenatural que les toca atravesar. Las dos cosas conviven, y eso, para una serie de menos de seis horas, no es poco.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

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