Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Voces del Paraná

Voces del Paraná

Portada — Vida —

Caminar por las entrañas del Malacara: una experiencia geológica en el sur mendocino

En el paraje La Batra, cerca de Malargüe, el volcán Malacara permite recorrer dos de sus tres cárcavas y subir a un mirador con vista hacia la laguna de Llancanelo. La familia Quezada administra el acceso, que nació a partir de los estudios de la geóloga Corina Risso.

NS
Nahuel SosaTecnología y ciencia · · 3 min de lectura
Caminar por las entrañas del Malacara: una experiencia geológica en el sur mendocino

Para quien busca una salida al aire libre con contenido en el sur mendocino, el volcán Malacara ofrece algo poco habitual: la posibilidad de caminar por su interior. Está en el paraje La Batra, dentro de un campo de la familia Quezada, que hoy administra las visitas. El recorrido atraviesa dos de las tres cárcavas que tiene el volcán y culmina en un mirador desde el que se alcanza a ver, a lo lejos, la laguna de Llancanelo.

La experiencia transcurre entre paredes onduladas, sectores de roca amarilla y depósitos negros. La luz se cuela por las aberturas superiores y el aire frío circula entre las grietas, algo así como caminar por los pasillos de un edificio antiguo donde el techo se fue gastando con el tiempo. Los tres cráteres que el volcán conserva en su parte alta quedan prácticamente ocultos para el visitante que lo recorre desde abajo, porque el relieve y la vegetación los tapan.

Cómo funciona el recorrido y qué se observa

Los colores del lugar no son un detalle estético: cuentan la historia del volcán. Corina Risso, geóloga, investigadora y docente de la Universidad de Buenos Aires, explica que el Malacara se formó por la interacción del magma con agua, probablemente de una antigua laguna presente en la zona. Ese contacto funcionó como una olla a presión que fragmentó la lava, y la alteración posterior de los materiales es la responsable de buena parte de las superficies amarillas que se ven hoy.

Cuando el agua dejó de intervenir, la erupción continuó y se acumularon materiales oscuros por encima de los anteriores. Mucho después, la erosión provocada por el agua y el viento fue abriendo los corredores que hoy se transitan. Esos depósitos son frágiles y pueden desgranarse con solo tocarlos, de manera similar a un bizcocho seco que se rompe al apretarlo.

De campo ganadero a destino turístico

La apertura turística cambió el uso de un sector del campo donde los Quezada criaban animales. En 2000, Risso llegó al lugar con la ayuda de Alberto “Beto” Quezada. Dos años más tarde presentó sus investigaciones en Malargüe, al mismo tiempo que la familia empezó a trabajar con guías de la zona.

El acceso también fue mutando: las primeras salidas se hacían a caballo por senderos del propio predio. En 2006, una antigua huella petrolera dejó pasar primero una camioneta y, más tarde, maquinaria para acondicionar el camino. Hoy la visita combina caminata, observación de las formaciones y una vista panorámica del paisaje desde el mirador.

  • Caminata por dos de las tres cárcavas del volcán Malacara.
  • Tramo final hasta un mirador con vista a la laguna de Llancanelo.
  • Paredes amarillas y depósitos oscuros que registran dos etapas eruptivas.
  • Administración del predio a cargo de la familia Quezada, con guías locales.
  • Origen turístico ligado a los estudios de la geóloga Corina Risso desde 2000.

Quedan varios pasos pendientes para que la experiencia se consolide como un atractivo estable: mejorar la señalización del sendero, capacitar guías locales en geología básica para interpretar el sitio y avanzar en estudios que permitan precisar la edad de las erupciones. También es clave cuidar la fragilidad de los depósitos, que se desgranan al contacto, para que las paredes onduladas y los colores que cuentan la historia del Malacara sigan intactos para los próximos visitantes.

NS
Nahuel SosaTecnología y ciencia

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo