Después de medio siglo de mutilaciones, «Los demonios» por fin se ve entera: el filme maldito de Ken Russell vuelve a las salas con sus 114 minutos definitivos
La restauración en 4K de la versión que el director inglés consideraba su única película política arriba a los cines españoles con los 89 segundos que la censura británica le había arrancado en los setenta. La historia de las monjas de Loudun, el rodaje con Vanessa Redgrave y Oliver Reed, y la cruzada del crítico Mark Kermode para devolverle al mundo la copia tal como Russell la soñó.

Hay un olor a cera derretida y a incienso barato que todavía me vuelve a la cabeza cada vez que alguien me nombra «Los demonios», esa película maldita que Ken Russell filmó en 1971 y que el Vaticano, los municipios británicos más pacatos y las juntas de clasificación cinematográfica de medio mundo se encargaron de destrozar a tijeretazos. Yo era muy chica cuando la vi por primera vez en una copia VHS contrabandeda que circulaba por los videoclubes de la calle Corrientes, pero todavía recuerdo el zumbido del proyector cuando Jeanne des Anges se retuerce poseída frente al altar, y la sensación de estar espiando algo que alguien muy poderoso no quería que yo viera. Más de cincuenta años después, ese goce clandestino se termina: desde el 16 de octubre se proyecta en las salas españolas la versión completa de 114 minutos que Russell armó en 2004 con material restaurado en 4K, la misma que solo se vio una vez en el BFI Southbank de Londres y que durante décadas fue una pieza de coleccionista imposible de conseguir en su forma íntegra.
Una historia real que sigue ardiendo
La película arranca en el siglo XVII, en el convento de las ursulinas de Loudun, donde un puñado de monjas empezó a gritar que estaba endemoniado y que el culpable era el sacerdote Urbain Grandier, un libertino y seductor al que le gustaba tanto la buena vida como las sermones incendiarios. Las religiosas denunciaban posesiones, convulsiones y palabras obscenas en idiomas que nadie había aprendido; Grandier terminó juzgado por brujería y quemado vivo en la plaza del pueblo. Aldous Huxley, el de «Un mundo feliz», se obsesionó con el caso y lo llevó a la novela «Los demonios de Loudun», que fue la base sobre la que Russell construyó su guion, una mezcla de terror, farsa y denuncia política que todavía hoy sigue sacudiendo a quien se anime a verla completa.
La dupla protagónica es de esas que ya merecen el de la entrada: Vanessa Redgrave como la madre superiora Jeanne, que pasa de la devoción más pura al éxtasis más perturbador, y Oliver Reed como Grandier, en uno de esos papeles donde se nota que el actor se estaba entregando entero, cuerpo y alma, a ese tipo de personaje que termina devorándolo. Redgrave fue nominada al Oscar y la película ganó el BAFTA a mejor diseño de vestuario, aunque a esta altura esos premios parecen casi una anécdota al lado del vía crucis censor que le tocó vivir.
La cruzada de Mark Kermode para devolverle los 89 segundos
Si «Los demonios» vuelve a las salas tal como Russell quería es gracias a Mark Kermode, el crítico británico que conoció personalmente al director y que durante años se obsesionó con encontrar el metraje que la Agencia Británica de Clasificación de Películas y sus colegas norteamericanos le habían arrancado al filme. La pista apareció en los archivos de Warner Bros. Reino Unido: un rollo catalogado como «C Cut 89», donde estaban los famosos 89 segundos que la censura había ordenado cortar de manera oficial. Kermode los recuperó, los unió al resto del material y se los pasó a Russell, que pudo armar por fin su montaje definitivo de 114 minutos, el mismo que se proyecta ahora en 4K.
“Estas alteraciones le rompieron el corazón a Ken Russell porque el material eliminado no solo contenía parte de su mejor trabajo, sino que también encapsulaba el corazón temático de la película.”Mark Kermode
Las copias que durante décadas circularon en dvd, en cable y en los ciclos de cine de autor eran todas versiones mutiladas: la británica llegaba a 111 minutos y la estadounidense se quedaba en 108. Cada una había perdido secuencias que Russell y su editor Michael Bradsell consideraban centrales para entender de qué hablaba realmente la película, que no es solo de monjas que levitan y curas lujuriosos, sino de cómo el poder estatal y religieux se alían para destruir a quien se anima a pensar distinto. «Para mí, trataba sobre el lavado de cerebro, sobre la toma del poder por parte del Estado», dijo el propio Russell, que murió en 2011 sin llegar a ver su versión definitiva reestrenada en una sala masiva.
Un filme que incomoda al Vaticano y a los municipios
- En los años setenta, 17 municipios de Gran Bretaña la prohibieron de plano y donde se permitió exhibir lo hizo con calificación X, la británica equivalente a no recomendada para menores de 18.
- Finlandia la mantuvo vedada hasta noviembre de 2001, recién después de la muerte del director pudo verse legalmente en ese país.
- El Vaticano condenó la película de manera oficial y pidió que se cancelaran sus proyecciones en el Festival de Cine de Venecia, presión que por suerte no prosperó del todo.
- Las juntas de clasificación de Reino Unido y Estados Unidos obligaron a cortar secuencias clave de tortura, posesiones y rituales para conceder los permisos de exhibición comercial.
Así que esta es una buena noticia para los que gustan de ir al cine a incomodarse un rato, a salir de la sala con la ropa todavía oliendo a algo raro, como me pasó a mí la primera vez que la vi completa. Después de medio siglo de idas y vueltas, de copias recortadas y de prohibiciones más o menos explícitas, «Los demonios» vuelve a las pantallas como el director inglés la soñó, larga, brutal, histerica y profundamente política. No es una película para todos los paladares, ni falta que hace, pero para quien se anime es una de esas experiencias que justifican por sí solas el precio de la entrada y la caminata hasta el cine más cercano.
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