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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Paraná

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Dieciséis años no son nada: Black Eyed Peas volvió a Buenos Aires y sacudió el Movistar Arena con sus clásicos de siempre

Will.i.am, apl.de.ap, Taboo y J. Rey Soul repasaron más de dos décadas de hits en una noche que terminó con pedido de matrimonio en escena, un mate compartido y una bandera argentina flameando en las pantallas del estadio.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Dieciséis años no son nada: Black Eyed Peas volvió a Buenos Aires y sacudió el Movistar Arena con sus clásicos de siempre

Aroma a pochoclo y un murmullo eléctrico apenas apagadas las luces del Movistar Arena: así empezó una noche que muchos argentinos esperaban desde 2010, cuando los Black Eyed Peas habían pasado por última vez por Buenos Aires con Fergie todavía en el escenario. Esta vez, claro, el cuarteto que pisó el país fue otro: Will.i.am, apl.de.ap, Taboo y J. Rey Soul, la formación que el grupo vieneando desde hace ya varios años, y que tiene la difícil misión de sostener un repertorio que se hizo enorme gracias a una voz femenina que ya no está. Les cuento, porque estuve ahí, lo que vi y lo que sentí en una función que fue, sobre todo, una enorme máquina de hits.

Lo primero que quiero decir es que el arranque fue demoledor. Arrancaron con Let's Get It Started, Boom Boom Pow y Rock That Body, tres cañonazos consecutivos que funcionaron como una declaración de intenciones: esta noche no se viene a pensar, se viene a bailar. Y el público lo entendió rápido. Hubo un segundo, apenas los primeros acordes de Boom Boom Pow salieron de los parlantes, en el que las quince mil personas que colmaron el Movistar Arena parecieron transformarse en una sola voz, y eso, aunque suene a cliché, es algo que uno no ve todos los días. El escenario, por su parte, tenía una puesta visual muy cuidada: pantallas enormes que iban cambiando de formas y colores a lo largo de toda la función, coreografías precisas y un juego de luces que acompañaba cada giro del repertorio.

Dos décadas de repertorio, con la raíz latina cada vez más visible

Después de los bombazos de los 2000, la banda fue abriendo el juego hacia sus etapas más recientes, esas donde la influencia latina ya es marca registrada. Sonaron RITMO (Bad Boys for Life), MAMACITA y MABUTI, y se notó que ese costado del grupo ya no es un capricho puntual sino una columna vertebral de su sonido. Suenan frescos, suenan actuales, y eso habla bien de un grupo que lleva más de veinticinco años de carrera y podría perfectamente vivir de.

Apl.de.ap tuvo su momento con Bebot, ese tema que siempre aparece como una carta de amor a sus raíces filipinas, y Will.i.am se permitió un breve repaso por su carrera solista, con #thatPower y Scream & Shout, antes de volver al cauce del grupo. Desde ahí el show no paró: Pump It, GIRL LIKE ME, Somebody to Love Me y Don't Stop the Party se encadenaron sin pausa, como si la lista de reproducción fuera una montaña rusa a la que no hay que pedirle que frene.

Taboo, un mate y la confirmación de que la banda se siente cómoda en Argentina

Hay una imagen de la noche que me parece que vale la pena guardar. En un momento del show, Taboo tomó un mate. Así, delante de todo el mundo, le dio unos sorbos con la seriedad cómica de quien sabe que está siendo observado por miles de cámaras, y después dijo, casi sin respirar: Me quiero sentir bien argento. Minutos más tarde le regaló el mate a una chica del público. Antes, ya había celebrado la vuelta al país con otra frase que el estadio devolvió en aplausos: Es un placer ser latino y estar en Argentina.

El momento más emotivo: un pedido de matrimonio en el escenario

Pero lo que realmente transformó la noche en algo que va a quedar en la memoria de los que estuvimos ahí pasó durante Where Is the Love? y, sobre todo, en I Gotta Feeling. Sacaron a una mujer del público al escenario mientras cantaba. De repente, entre cámara y cámara, apareció su pareja, se arrodilló y le propuso matrimonio delante de las quince mil personas que estaban ahí. Ella dijo que sí, con una mezcla de llanto y risa que se vio perfectamente en las pantallas. Detalle que le da a la historia un peso extra: la pareja se había conocido en 2010, precisamente durante el show anterior de Black Eyed Peas en el país. Cierren el círculo como puedan, a mí se me erizó la piel.

El cierre: himnos, una bandera argentina y la sensación de que faltan varios años para la próxima visita

  • Meet Me Halfway y My Humps, dos himnos de estadio que cerraron la sección más popera del show.
  • Shut Up como recordatorio de que el grupo también sabe hacer hits con humor y sin complejos.
  • Una última pasada por I Gotta Feeling, ya como ritual de despedida, con la pista cantando entera la letra.
  • Los cuatro integrantes levantaron una bandera argentina en el escenario mientras la imagen se replicaba en las pantallas del Movistar Arena, y la función se despidió con la sensación de que la próxima espera, ojalá, sea mucho más corta que dieciséis años.

Me fui del Movistar Arena con una certeza que no sé si comparto con todos pero que me parece justa: a Black Eyed Peas le sobra repertorio y le sobra oficio, y la formación con J. Rey Soul no viene a reemplazar a Fergie, sino a abrir un capítulo propio. ¿Qué canción de esa noche te habría gustado escuchar en vivo? Yo me quedo con Bebot, porque ver a apl.de.ap cantar un tema que lleva su nombre y su historia es de esas cosas que no se fabrican: pasan, y hay que estar ahí para contarlas.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

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