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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El puré de calabaza, una preparación de raíz simple que admite variantes en la cocina doméstica

La cocción tapada de la calabaza durante entre veinte y veinticinco minutos define el punto justo de la receta, que parte de un rehogado de cebolla y puerro y se termina con sal, pimienta y, opcionalmente, cebollín o un chorrito de aceite.

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Josefina ZapataAmbiente y crecidas · · 2 min de lectura
El puré de calabaza, una preparación de raíz simple que admite variantes en la cocina doméstica

La periodista Josefina Zapata, editora de la sección Ambiente y crecidas, repasa los pasos centrales de una receta hogareña pensada para aprovechar la pulpa de calabaza en un puré de preparación directa, sin requerir técnicas complejas ni equipamiento fuera del alcance de una cocina doméstica estándar.

Una base de cebolla y puerro como punto de arranque

La elaboración se inicia con un corte en juliana de cebolla y puerro, que se cocinan a fuego suave junto con manteca y aceite durante veinte minutos. La indicación de la receta es precisa en este tramo: el objetivo es rehogarlos de manera lenta, sin dorarlos, para preservar el sabor de fondo y evitar que la mezcla adquiera color antes de sumar el resto de los ingredientes. Transcurrido ese tiempo, se incorpora la pulpa de calabaza cortada en cubos y se la saltea durante tres minutos más.

La cocción tapada y el punto de la calabaza

Una vez rehogada la calabaza, se suma agua o caldo de verduras hasta cubrir las verduras, según la elección del cocinero. Con la olla tapada, la cocción se prolonga entre veinte y veinticinco minutos. El criterio para dar por terminada esa etapa es concreto: la calabaza debe quedar cocida, en condiciones de ser triturada sin resistencia. La receta no fija cantidades cerradas ni un número determinado de porciones, y solo aporta como referencia la proporción de líquido, que debe limitarse a lo justo para cubrir los sólidos.

El triturado, los condimentos y las variantes posibles

  • El triturado se resuelve con una batidora de mano o, como alternativa, con un pasapurés, hasta obtener una textura homogénea.
  • La sal y la pimienta se ajustan al final, una vez lograda la consistencia deseada.
  • El acabado puede quedar limitado a un poco de cebollín picado o un chorrito de aceite, sin necesidad de sumar otros acompañamientos al plato.
  • Como variante, la preparación admite sumar papa para espesar o reemplazar la calabaza fresca por calabaza asada.
  • La misma combinación de cebolla, puerro y manteca sirve como base para otros purés de verduras, con alternativas como zanahoria, puerro o zucchini.

En el momento de servir, el puré puede funcionar como entrada dentro de un menú que continúe con un plato principal a la plancha o al horno, por caso un pescado blanco, o bien trasladarse en un recipiente para consumir fuera del hogar. La sencillez de los pasos y la posibilidad de ajustar el líquido y los condimentos al gusto lo convierten, según describió la fuente consultada, en una preparación versátil para la rutina culinaria de otoño e invierno.

JZ
Josefina ZapataAmbiente y crecidas

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