Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Voces del Paraná

Voces del Paraná

"Gracias, equipo": la película que te hace mirar la próxima reunión con otros ojos

La comedia española que Netflix estrena este viernes convierte un retiro corporativo en un campo de batalla donde la amistad se mide por la cuenta regresiva hacia los despidos. Hay guiños al público laboral argentino, aunque no se proponga develar nada nuevo sobre la crueldad de las oficinas.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
"Gracias, equipo": la película que te hace mirar la próxima reunión con otros ojos

El primer sonido que me recibió cuando bajé del remise todavía no se había apagado del todo en la calle y ya estaba entrando al cine: el murmullo cálido de una sala a oscuras, ese rumor de pochoclos y de gente acomodándose en las butacas, como una antesala de lo que estaba por venir. Y la película arranca, justamente, con ese otro murmullo: el de un grupo de empleados viajando en un micro hacia un retiro corporativo, con la promesa de un fin de semana para fortalecer el trabajo en equipo. Llegué a la sala con la sensación de que iba a ver otra comedia tibia sobre oficinas, y me terminé yendo con una sonrisa cómplice, esa que uno se lleva cuando el guion no se hace el vivo y los personajes, aunque arquetípicos, terminan resultando reconocibles de un modo casi incómodo.

De qué va "Gracias, equipo", sin spoilers que duelan

La dirección de Diego Núñez Irigoyen —que ya había co-conducido la primera temporada de "División Palermo"— toma el guion de Cristóbal Garrido y Adolfo Valor, dos libretistas conocidos por su paso por series como "Fariña", y lo lleva a un terreno deliberadamente liviano. La historia sigue a un puñado de empleados que, durante ese retiro, descubren que la empresa viene con una ola de despidos masivos en preparación. Lo que arranca como un ejercicio de team building se va convirtiendo, casi sin que nos demos cuenta, en una competencia descarnada por quedar dentro. Y ahí, en ese desplazamiento entre la camaradería y el sálvese quien pueda, aparece el motor cómico de la película.

  • Elenco protagónico encabezado por Alexandra Jiménez, que sostiene el registro de comedia con momentos dramáticos sin perder naturalidad.
  • Un arco coral de personajes que encarnan arquetipos laborales: el ambicioso, la leal, el que mira de reojo, el que todavía cree en los valores de la camiseta.
  • Un tono liviano, sin intención de sátira feroz ni de denuncia corporativa: la película elige entretener antes que moralizar.
  • Un desenlace que, siendo previsibles los movimientos, no arruina el recorrido porque el guion no apela a golpes de efecto forzados.

Algo que me llamó la atención es que, siendo una producción española pensada para el catálogo global de Netflix, no se siente forzada ni impostada. Los chistes no necesitan traducción, las situaciones se entienden sin subtítulos internos, y los comportamientos en pantalla son tan universales como los de cualquier open space de Palermo, de Microcentro o de Vicente López un lunes a las nueve de la mañana. La competencia entre compañeros escala de manera gradual, sin saltos abruptos, y los personajes se mantienen coherentes consigo mismos a lo largo del metraje: no se traicionan por conveniencia del giro, y eso, en una comedia de personajes, es casi un acto de militancia narrativa.

“No aspira a decir algo nuevo sobre la toxicidad laboral, pero sí ofrece una lectura moderadamente crítica sobre cómo se comportan las personas cuando sienten en riesgo su estabilidad económica. Y eso, para un viernes a la noche, alcanza.”Renata Molinari, Cultura y Espectáculos

Me quedé pensando en algo que dijo alguien, no recuerdo bien si fue en una canción o en una conversación en un bar, eso de que en las oficinas se sabe quién sos cuando hay un recorte de por medio. La película no lo dice con esas palabras, pero lo muestra con una Alexandra Jiménez que maneja la comedia y el drama con la misma soltura con la que uno toma el café a las once. Irigoyen, por su parte, dirige el conjunto con un pulso ordenado: no hay cuadro fuera de lugar, no hay escena que sobre, y el ritmo respira lo justo como para dejar que los chistes aterricen antes de que llegue el siguiente. No es una obra maestra ni pretende serlo. Es, más bien, una de esas películas que cumplen la promesa de su título, casi como un agradecimiento: gracias por mirarnos trabajar, gracias por reírse con nosotros, equipo. Y uno, desde la butaca, termina devolviendo ese gracias con la mejor moneda que tiene a mano: el tiempo de un fin de semana para recomendársela a alguien.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo