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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Hayato Date y la decisión de no doblar la espada: cómo se fabricó el Naruto que el mundo terminó mirando

El director del anime reveló que desde el primer día le pidieron que la serie pensara en el público de afuera y que eligió desobedecer. Una charla en la India, kunai incluidos, y una de trabajo que hoy vuelve a estar en discusión con la película de imagen real en marcha.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Hayato Date y la decisión de no doblar la espada: cómo se fabricó el Naruto que el mundo terminó mirando

Te lo tiro así, de arranque, como me quedó sonando después de verme toda la entrevista que Hayato Date dio en Anime India: hay una frase que funciona como una declaración de principios y que, me parece, resume bastante bien cómo se cocinó esta serie que muchos de nosotros vimos de chicos, adolescentes o ya grandes. La frase es simple, casi un latigazo, y el director la dice con la misma naturalidad con la que uno habla del tiempo: «Si quitas los kunai, ya no es Naruto». Y listo. Ahí está todo. Lo que sigue en esta nota es el porqué, el cómo y el contexto que rodea a esa decisión, que no es caprichosa ni heroica, sino profundamente laboral.

Para situarnos, vale recordar que el manga de Masashi Kishimoto ya era un fenómeno mundial antes incluso de que empezara la producción del anime. Cuando se hizo la conferencia de presentación, allá por los primeros años dos mil, había una rareza: periodistas de Estados Unidos y de otros países se habían acercado a cubrir el anuncio. Para una serie animada japonesa, eso era inhabitual. Y esa presencia, claro, no era decorativa: era una señal clarísima de que el producto iba a tener una vida afuera, y de que el dinero fuerte iba a estar afuera. Date lo cuenta sin vueltas: «Para ser sinceros, cuando hicimos Naruto, incluso entonces, ya había una gran presión para hacer que la serie vendiese bien fuera de Japón».

La regla de oro del equipo: ¿funciona en Japón y listo

Frente a ese escenario, el director y su equipo se plantearon una pregunta que, traducida al porteño de todos los días, suena bastante a sentido común: qué necesitamos para que esto funcione acá, en casa, con nuestra propia gente. Lo demás, segundo plano. Esa fue la brújula. Y eso implicaba, por ejemplo, no tocar el tema de las armas de filo cuando desde Estados Unidos llegaban quejas por el uso de kunai, de las shuriken y de toda la parafernalia cortopunzante que los ninjas de Konoha llevan colgada del cinturón. El equipo eligió mirar para otro lado. O mejor dicho, eligió mirar para el lado correcto.

“Si quitas los kunai, ya no es Naruto”Hayato Date, director del anime de Naruto
  • La presión internacional existía desde la conferencia de prensa de producción, con medios estadounidenses presentes.
  • La decisión del equipo fue tomar como referencia única al público japonés y dejar en segundo plano los reclamos del extranjero.
  • Se ignoraron expresamente las quejas llegadas desde Estados Unidos por el uso de armas blancas como kunai y shuriken.
  • El objetivo explícito era que la audiencia global viera la serie tal cual era, sin amputaciones que diluyeran su identidad.
  • El resultado fue un anime que se convirtió, junto a Dragon Ball y One Piece, en uno de los de mayor alcance global de las últimas décadas.

Y acá viene lo que a mí, como espectadora y como alguien que se crió viendo esta serie, me resulta más interesante: el hecho de que esa decisión no haya sido un obstáculo para el éxito internacional, sino casi una garantía. Naruto se vio y se ve en todo el mundo con sus kunai intactos, con su violencia sin diluir, con su estética fiel al manga de Kishimoto. La apuesta de Date fue que el público de afuera fuera capaz de bancarse la obra tal como era, y la realidad le dio la razón. Como él mismo lo formula: «Simplemente no se puede crear algo si te estás preocupando constantemente sobre gustar a la audiencia extranjera». Es una frase que, si uno la piensa un segundo, aplica para mucho más que para un anime: aplica para cualquier obra que quiera tener identidad.

La pregunta que vuelve a estar sobre la mesa

Lo más jugoso de todo esto es que la discusión no quedó en el pasado. Hoy hay una película de imagen real de Naruto en desarrollo, dirigida por Destin Daniel Cretton, y la pregunta sobre cuánto se adapta y cuánto se respeta vuelve a sobrevolar la producción. Date construyó a Naruto desde la autenticidad de la fuente, sin pedirle permiso a ningún mercado para meter tijera. El equipo que viene tendrá que decidir si sigue ese camino o si toma otro. Mientras tanto, a mí me queda dando vueltas una reflexión bastante terrenal: cuántas veces uno, como espectador común, terminó agradeciendo que alguien haya tenido la coragem de no tocar la obra. Y cuántas veces, también, ese agradecimiento se lo debemos a un director que, frente a la presión, eligió confiar en lo que tenía entre manos.

Y te dejo la pregunta que leí al final del material y que me parece que vale la pena hacerse en voz alta: ¿creés que las adaptaciones occidentales de animes deberían respetar el material original sin cambios, o es válido ajustar el contenido para cada audiencia? Yo, personalmente, me inclino por la postura de Date, pero eso es harina de otro costal y da para otra nota entera.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

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