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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Paraná

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La toma de rehén que se volvió programa en vivo: la nueva película de Gus Van Sant que ya puede verse en streaming

Bill Skarsgård interpreta a Tony Kiritsis, el hombre que en los años setenta encadenó al hijo de un banquero y pidió hablar en la televisión nacional. Dirigida por Gus Van Sant, la película llega a Movistar Plus tras un paso discreto por las salas.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
La toma de rehén que se volvió programa en vivo: la nueva película de Gus Van Sant que ya puede verse en streaming

A veces una película empieza con un olor a café recalentado en una sala de redacción vacía, y esa misma película termina dejándote con la sensación de que alguien te encadenó a un sillón durante dos horas para que escuches una historia que, de tan real, parece inventada. Eso me pasó con Prime Crime: A True Story, el nuevo film de Gus Van Sant que acaba de caer en el catálogo de Movistar Plus y que yo aproveché a ver este finde, con el volumen bajo porque los chicos ya dormían y el celu en silencio para no spoilearme nada.

Un caso real que parece guion

La historia que cuenta es la de Tony Kiritsis, un tipo común que a principios de los años setenta se presentó en la sede de un banco después de que le negaran un préstamo que él había pedido para comprar un terreno. Lo que tenía de particular el caso era la sospecha de Kiritsis: estaba convencido de que la entidad financiera no le había dicho que no por su situación económica, sino porque la propia compañía quería quedarse con esa propiedad para hacer negocio con ella, para especular, digamos. Y entonces, en vez de ir a un abogado o de sentarse a llorar frente a una cerveza, el hombre decidió tomar como rehén al hijo del dueño del banco con un dispositivo rudimentario pero potencialmente letal atado al cuello del pibe, y desde ahí formuló dos exigencias muy concretas: una indemnización económica y, sobre todo, la posibilidad de hablar en televisión nacional para contar él mismo su versión de los hechos.

Como me dijo una vez un viejo cronista de policiales con el que me crucé en una cobertura, hay historias que parecen guion y guiones que parecen historia, y esta es de las primeras. El caso Kiritsis tuvo una cobertura mediática enorme en su momento, con cámaras en vivo y una audiencia pendiente de qué iba a pasar con el rehén, y Van Sant toma ese material y lo trabaja como un thriller urbano setentoso, con esa estética de thriller estadounidense de los años setenta que mezclaba la presión policial con el ruido de las cámaras de noticias en tiempo real, una estética que a mí, que crecí viendo películas en videoclub, me sigue generando una incomodidad muy particular, muy de domingo a la tarde.

  • Protagonista: Bill Skarsgård, actor sueco con una trayectoria que va del terror más explícito al drama más contenido, y que acá se banca un papel durísimo, de un hombre al que la desesperación lo lleva a cruzar un límite que no se cruja nunca.
  • Director: Gus Van Sant, una de las figuras centrales del cine independiente norteamericano, conocido por títulos como Todo por un sueño y por su costumbre de volver una y otra vez sobre personajes que chocan contra las reglas del sistema y buscan salidas desesperadas fuera de los márgenes establecidos.
  • Cierre musical: el film incluye música de Gil Scott-Heron, un guiño que carga de sentido político el desenlace sin abandonar nunca el registro del thriller, y que a mí particularmente me hizo acordar a esa frase celebérrima de The Revolution Will Not Be Televised, aunque acá, paradojalmente, la revolución sí se televisó.
  • Presupuesto: por debajo de los 15 millones de dólares, una cifra moderada para los estándares de Hollywood.
  • Recaudación en salas: apenas 3,8 millones de dólares, un resultado de taquilla discreto que explica por qué la película encontró en el streaming su segunda oportunidad de llegar al público.

Un Skarsgård contenido y un sistema que aplasta

Lo que más me interesa de Prime Crime, y se lo quiero contar al lector que todavía no la vio, es que no es una película de héroe ni de villano. Skarsgård compone a Kiritsis como un hombre común que el sistema fue empujando hasta un rincón del que no veía salida, y la película no lo justifica pero tampoco lo condena: lo muestra, y deja que uno saque sus propias conclusiones sobre los límites reales de quien intenta montar una protesta individual contra estructuras que lo superan. La tensión está servida durante todo el metraje, y el desenlace, sin spoilear, deja gusto a poco si uno espera un cierre cerrado, pero abre la puerta a una lectura más incómoda, más, más de pensar qué hubiera pasado si en lugar de un dispositivo letal el tipo hubiera tenido un micrófono abierto en un noticiero. Porque a veces la diferencia entre el terrorista y el entrevistado es apenas un encuadre de cámara.

Y me quedo con una pregunta que me parece que vale la pena dejar picando acá, mientras preparo otro café y pienso en qué ver el próximo finde: ¿el cine de género con intención autoral, el que no se banca la etiqueta de producto palomitero, tiene hoy más futuro en las plataformas que en las salas? Porque esta película, con un presupuesto moderado y un resultado de taquilla discreto, encontró en el streaming su segunda oportunidad, y uno sospecha que no va a ser la última vez que un director con pedigree de independiente termine confiando más en un algoritmo de recomendación que en la marquesina de un cine.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

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