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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Paraná

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Seagal cambia la cámara por el uniforme y se suma a la frontera en Texas

El actor de los ochenta y noventa dejó atrás las películas de acción para colaborar con operativos de seguridad en un condado texano, donde las autoridades destacan su compromiso y su formación en artes marciales como ejes de su tarea.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Seagal cambia la cámara por el uniforme y se suma a la frontera en Texas

Hay una quietud particular en la frontera de Hudspeth, un condado texano pegado a México donde el aire se siente seco y el silencio se corta cada tanto con el paso de una patrulla. En medio de esa calma apareció Steven Seagal, el tipo que durante los noventa se había ganado la vida pateando puertas en películas de acción, y que según cuentan el primer por lo que le conté tiempo atrás decidió colgar el cuero de galán cinematográfico para calzarse el chaleco de un operativo de seguridad. La noticia me llamó, la sorpresa quizás también, porque uno siempre se imagina a estos actores retirados tomando sol en alguna playa de Malibu, no persiguiendo migrantes en un puesto avanzado de la Texas occidental.

De los sets de Hollywood al patrullaje

El camino fue así de concreto. Seagal, que en pantalla había sido Steven Seagal en Hard to Kill en 1990, Out for Justice en 1991 y Under Siege en 1992, se sumó a tareas de vigilancia fronteriza en Hudspeth bajo la supervisión directa de las fuerzas del orden locales. En esos operativos usó armas de precisión y participó en controles en terreno, siempre acompañado por agentes que respondían por su seguridad y la de todos.

“Está aquí porque le importa el país y quiere contribuir como cualquier otro residente.”Integrante de las fuerzas del condado de Hudspeth

Esa frase, que me quedó en pie desde la primera vez que la leí, la soltó un uniformado que trabajó codo a codo con él durante los despliegues. Las autoridades locales se encargaron de aclarar, casi de manera institucional, que no se trataba de un operativo de marketing ni de una aparición fugaz para ganar titulares: subrayaron que sus aportes durante las jornadas de vigilancia fueron serios y concretos.

Una formación que pesa más que la fama

Para entender por qué Seagal terminó en este lugar hay que retroceder a su infancia. A los cinco años vio una exhibición de artes marciales que le quedó grabada, y a los diecisiete se viajó solo a territorio japonés para entrenarse con maestros locales, sin hablar el idioma y sin tener un contacto previo que le abriera puertas. Ahí, en esos dojos tradicionales, fue donde forjó su camino: se consagró como cinturón negro y llegó hasta el séptimo Dan en Aikido, una disciplina que define como el camino de la energía y la armonía. Tiempo después fundó una academia en Japón que hoy conduce su exesposa, Miyako Fujitani.

  • Se formó como cinturón negro en Aikido en Japón desde los 17 años.
  • Alcanzó el séptimo Dan, uno de los grados más altos en la disciplina.
  • El Aikido prioriza el control y la redirección de la fuerza por encima del combate directo.
  • Fundó una academia en Japón, actualmente dirigida por su exesposa Miyako Fujitani.
  • Su entrenamiento marcó la metodología con la que trabajó en los operativos de Hudspeth.

Esa formación explica el perfil operativo que se le vio en Hudspeth. El Aikido no va por el camino del puño cerrado sino por el del desvío y la precisión: si el adversario empuja, uno acompaña y redirige, sin quebrar al otro. Esa filosofía, que Seagal practica desde los ochenta, se notó en los operativos, donde su enfoque apuntó a evitar confrontaciones directas y a privilegiar el control por sobre la fuerza, de una manera que suele leerse en los manuales de la disciplina pero que acá se vio aplicada en el terreno real.

Vecinos entre la sorpresa y la valoración

La reacción de la gente del condado fue de esas que no entran en una sola categoría. Algunos vecinos se cruzaron con él afuera de un set de filmación y casi no lo podían ubicar: lo veían en la calle, sin cámaras, sin representante, y les costaba un montón encajar al galán de las pelis con el uniformado que tenían enfrente. Otros, en cambio, lo recibieron con los brazos abiertos y valoraron su compromiso con la seguridad del condado. En los dos casos, las fuerzas locales insistieron en que sus contribuciones no fueron simbólicas, sino concretas: hubo turnos, hubo operativos y hubo un verdadero ejercicio del rol.

Me quedo pensando en lo que cuenta esta historia. A veces uno cruza la calle y se cruza con alguien que dejó atrás una carrera entera y se reinventó en un lugar donde nadie lo iba a buscar. Como dice una vieja letra que me gusta repetir, “cambia, todo cambia”, y a veces el cambio lleva a un poblado texano donde el aire se siente seco y el trabajo se hace en serio, sin cámara y sin libreto.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

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