ViveRo, la noche que se hizo luz y que Yankelevich sigue contando en primera persona
El productor salió a decir lo que no había dicho nunca: que Darío Giordano no fue invitado al homenaje a Romina Yan, que subió al escenario porque su hija Azul cantaba esa noche y que, mientras esperaba en la puerta del Gran Rex, terminó hablando con la prensa como si nada hubiera pasado. La historia vuelve a instalarse en las redes en medio de las declaraciones de Valentín.

A veces una nota empieza por un olor, y este empieza por ese olor a pochoclo recalentado y a butaca de terciopelo viejo que todavía tengo pegado en la nariz cada vez que pienso en el Gran Rex. Esa mole de la calle Corrientes que se llena hasta el techo y donde, en septiembre de 2018, más de tres mil personas se juntaron para hacer algo que parecía imposible: cantar,, a una mujer que ya no estaba. La mujer era Romina Yan, que ese día hubiera cumplido 44 años, y el show se llamó ViveRo, así, con la erre bien marcada, como cuando alguien te dice "yo te quiero" y se le quiebra un poquito la voz. Yo estaba ahí, parada en la galería, y todavía me acuerdo de la pantalla gigante sobre la que pasaron los videos viejos y de la manera en que la gente se abrazaba sin conocerse.
Años después, casi sin avisar, ese recuerdo volvió a moverse. Fue porque en las redes sociales empezó a circular otra vez un video de Darío Giordano hablando con un micrófono en la puerta del teatro, contando con una sonrisa que no me cuadró nada cómo se sentía él esa noche con sus hijos. Y acá aparece la noticia que me hizo agarrar el teléfono y llamar a un montón de gente: Gustavo Yankelevich, el productor del homenaje, salió a aclarar algo que muchos daban por hecho pero que en realidad nunca se había dicho en voz alta. Giordano no había sido invitado al ViveRo. Punto. Nadie lo llamó, nadie le mandó un mail, nadie le reservó una platea. Esa es la frase textual, y merece ser escrita despacio para que se entere todo el mundo.
Por qué estaba esa noche en el Gran Rex
Según me explicó Yankelevich con una calma que le costó mantener, todo se entiende por Azul. Azul Giordano, la más chica de los tres hermanos que Romina Yan tuvo con Darío, tenía esa noche una participación artística en el show junto a Franco y Valentín, y alguien tenía que acompañarla al teatro. "Darío, en lugar de mandarla con otra persona, fue él. La llevó, la esperó y entonces dio la nota", me dijo el productor, todavía con la bronca de quien sabe que esa nota no debería haber existido jamás. Esa espera en la puerta, ese rato muerto entre bambalinas y la calle, fue el que terminó derivando en las declaraciones de Giordano ante la prensa que ahora vuelven a rodar.
“Leí que algunos preguntan para qué lo invitamos. Nadie lo invitó”Gustavo Yankelevich
Lo que me llama la atención, y se lo hago notar mientras charlamos, es la manera en que Giordano habló esa noche. Yankelevich coincide en señalarlo con el mismo gesto de fastidio que tengo yo cada vez que lo vuelvo a escuchar: como si sus hijos hubieran estado felices viviendo con él. "Habló como si los chicos hubieran estado felices viviendo con él. Lo veo y no lo puedo creer", repite el productor, y uno entiende que lo que le duele no es solo la frase sino la comparación con lo que él mismo venía viviendo puertas adentro con esos mismos chicos, que ya hacía tres años vivían con él cuando se hizo el homenaje.
Una alerta que llegó por mensaje
Y acá la historia se pone de verdad interesante, porque Yankelevich me cuenta un detalle que tampoco era público. La primera persona que le dijo que algo estaba mal no fue un juez ni un asistente social ni un periodista: fue Cris Morena. Sí, la misma Cris Morena que inventó un programa llamado Chiquititas y que sabe más de chicos que muchos libros de pedagogía. Le mandó un mensaje escueto, del estilo de quien te avisa de un incendio: "Está pasando algo raro, prestale atención a los chicos." Yankelevich me dice que lo leyó y se le cayó el mundo al piso, y que después vino Franco, el mayor, a pedirle lo que ningún adolescente debería tener que pedirle a un abuelo. Le pidió ir a vivir con él.
- Franco y Valentín están bajo el cuidado de Yankelevich desde 2015.
- La familia decidió no hacer pública la situación mientras se resolvía la instancia judicial.
- Yankelevich teme que mediatizar el caso antes de tiempo perjudique a los chicos.
- Según su relato, Giordano reaccionó con violencia cuando se enteró del pedido de Franco.
- Valentín habló públicamente de presuntos episodios de violencia por parte de su padre.
Esa decisión de no hacer ruido en su momento tiene una lógica que Yankelevich me explica sin vueltas: "Si mediatizábamos este tema, los nenes no iban a lograr su objetivo, que era que me pudieran dar la tenencia a mí." La mediación, en este caso, hubiera sido un obstáculo y no una solución, y por eso la familia eligió el camino más largo y más silencioso, que era el de la Justicia. Recién cuando esa instancia se cerró y los chicos quedaron formalmente bajo la tenencia del abuelo recién se empezó a hablar de manera abierta, y el video de Giordano en la puerta del Gran Rex volvió a cobrar una actualidad que nunca debería haber tenido.
Mientras escribo esta nota pienso en que el ViveRo de 2018 fue un show bellísimo, con artistas como Lali Espósito, Abel Pintos, Luciano Pereyra y Patricia Sosa cantando arriba del escenario mientras en la calle, en una pantalla gigante sobre Diagonal Norte, miles de personas miraban de pie. Y pienso en que debajo de ese escenario había una familia tratando de salvar a dos pibes, y en la puerta había un padre que recién llevado y levantado por las suyas contaba una historia distinta a la que se vivía adentro del teatro. A veces lo más importante de una noche no pasa arriba del escenario, y esta es una de esas veces.
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