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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Paraná

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Treinta dólares y un misterio en el desierto: la paradoja de «Zyzzyx Road»

Un thriller de bajo presupuesto que juntó menos público que una mesa familiar, terminó vendiéndose en dos docenas de países. Crónica de una rareza de Hollywood que se vio en una sola sala de Dallas.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Treinta dólares y un misterio en el desierto: la paradoja de «Zyzzyx Road»

Todavía me acuerdo del olor a pochoclo recalentado que se siente en una sala de cine de pueblo cuando no queda nadie. Esa mezcla tibia de manteca y butaca gastada, con el zumbido del proyector de fondo, es la postal más cercana que tengo para entender qué se sintió en el Highland Park Village Theater de Dallas durante aquella semana de febrero de 2006, cuando un solo mostrador vendió, en total, seis entradas. La película era «Zyzzyx Road», un thriller de John Penney que protagonizan Leo Grillo, Katherine Heigl y Tom Sizemore, y la función del mediodía se ofreció durante siete días seguidos al módico precio de cinco dólares por cabeza. Al final del recorrido, la recaudación fue de treinta dólares: una cifra tan chica que parece un error de imprenta.

Una historia escrita, producida y dirigida por el mismo nombre

Penney venía de guion y de trabajar junto a Brian Yuzna y Joey Travolta, pero «Zyzzyx Road» fue su debut como director de su propio material. La idea es simple como un latigazo: una pareja mata al ex de ella en Las Vegas y entierra el cuerpo en la carretera que da nombre a la película. Cuando vuelven a buscarlo, ya no está. El policial barato funciona como engranaje, pero lo que le da textura son los nombres que se cruzaron en el rodaje: Tom Sizemore, que arrastraba en el currículum «Rescatando al soldado Ryan» y «Heat», y una Katherine Heigl que aceptó el papel después de que Thora Birch lo rechazara, cuando ya había filmado el piloto de «Anatomía de Grey».

La producción costó 1,2 millones de dólares y se rodó en veinte días del verano de 2005, bajo el sol del desierto de Mojave. Es decir: hubo plata, hubo sol, hubo nombres con peso. Y sin embargo, la película jamás pisó una sala de Hollywood.

La estrategia que eligió su protagonista

Leo Grillo, que también es productor, tenía una motivación que no tenía nada que ver con la fama ni con la cartelera de Estados Unidos: quería generar ingresos en el mercado internacional para financiar futuros proyectos cinematográficos vinculados con animales. Por eso, el estreno norteamericano fue apenas una pieza administrativa: alquilar el Highland Park Village Theater costó mil dólares, y se programó una sola función diaria al mediodía durante una semana, desde el 25 de febrero hasta el 2 de marzo de 2006.

  • Seis personas vieron la película en su estreno estadounidense.
  • La recaudación total fue de 30 dólares: cinco dólares por entrada.
  • Grillo les devolvió el importe a la maquilladora Sheila Moore y a su amiga, así que la cifra neta quedó en 20 dólares.
  • Los derechos internacionales de DVD sumaron unos 368.000 dólares en 23 países.

Entre las espectadoras estaban la maquilladora Sheila Moore y una amiga, dos caras conocidas del equipo. Grillo les reintegró el valor de las dos localidades, lo que dejó la recaudación final en apenas veinte dólares. Piensen un instante en eso: veinte dólares en la caja, después de pagar mil de alquiler. Una pérdida seca en cualquier planilla, salvo que el verdadero negocio estuviera en otro lado.

El negocio que se hizo afuera

Y lo estaba. Mientras la película reunía menos público que una mesa familiar en Dallas, los derechos internacionales para DVD empezaron a aparecer en distintas latitudes y terminaron sumando alrededor de 368.000 dólares repartidos entre 23 países. La paradoja quedó armada: un estreno invisible en su propio país, una venta razonable en el exterior. Como dice la letra que solemos tararear sin pensarlo, «no es lo mismo vivir que morir», y a veces tampoco es lo mismo estrenar que estrenarse.

Me quedo dando vueltas con la pregunta de siempre cuando una película me llama la atención por lo que pasó fuera de la pantalla: ¿qué pesa más, el argumento, el elenco o la historia de su realización? En el caso de «Zyzzyx Road», la respuesta es casi incómoda: lo que cuenta no termina de ser la trama del crimen en el desierto, sino el modo en que un proyecto chico cruzó la frontera y se vendió en dos docenas de países sin pisar ni una multisala estadounidense. A veces el guion más interesante no está en la película.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

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