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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Paraná

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Walter White, el profesor que se convirtió en rey de la televisión del siglo XXI

Una encuesta entre 500 figuras de la pantalla chica coronó a Breaking Bad como la mejor serie del siglo. Con Bryan Cranston como protagonista y 62 capítulos que cambiaron para siempre la forma de contar a un antihóroe, la creación de Vince Gilligan sigue dando que hablar, incluso después de su final en 2013.

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Renata MolinariCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Walter White, el profesor que se convirtió en rey de la televisión del siglo XXI

El primer episodio arranca con un ruido que se repite en la memoria de cualquier fanático: el zumbido del motorhome de Walter White detenido en medio del desierto, ese vehículo destartalado en el que un profesor de química de secundaria decide, casi como un acto desesperado y un poco ridículo, que va a cocinar metanfetamina para dejarle algo de plata a su familia antes de morirse. Esa imagen, ese sonido del motor recalentado y ese olor a gases que se mezcla con la tierra de Nuevo México, es el arranque de Breaking Bad, la serie que acaba de ser consagrada como la mejor ficción televisiva del siglo XXI.

Lo dijo una encuesta que reunió las opiniones de 500 figuras de la industria de la televisión, entre ellas actores como Elisabeth Moss, el propio Bryan Cranston y Jason Bateman, además de creadores como Damon Lindelof y Noah Hawley. La ficción creada por Vince Gilligan, emitida entre 2008 y 2013 por la cadena AMC, se quedó con el primer puesto en una lista que volvió a poner bajo la lupa a una historia que, a más de una década de su final, sigue siendo referencia ineludible cuando se habla de relatos que cruzan la comedia negra con el drama más crudo.

Del aula al narcotráfico: cómo se fue cocinando la transformación

Lo que cuenta Breaking Bad, en pocas palabras, es la metamorfosis de Walter White, un hombre común, diagnosticado con un cáncer pulmonar terminal, que empieza a fabricar y vender droga para asegurar el futuro económico de su familia y termina convertido en algo mucho más oscuro. La serie reúne 62 capítulos a lo largo de cinco temporadas, y en ese recorrido el tono va mutando: las primeras entregas se permiten un registro más cercano a la comedia negra, con el humor como mecanismo para aliviar el peso del diagnóstico, y de a poco el relato se va endureciendo a medida que las decisiones del protagonista lo alejan del profesor que alguna vez fue.

Yo vi los primeros capítulos sin terminar de entender por qué todo el mundo hablaba de esta serie, y me acuerdo de la escena en la que Walter entra al laboratorio improvisado con su barbijo amarillo y empieza a trabajar como si fuera un experimento más del colegio. Ahí me cayó la ficha de lo que Gilligan estaba proponiendo: mostrar a un antihéroe que se construye a fuego lento, casi sin que el espectador se dé cuenta de que lo está aplaudiendo, hasta que ya es demasiado tarde para dejar de mirar. Esa sensación de complicidad incómoda es, para mí, una de las grandes marcas de la serie.

“Yo soy el que golpea la puerta.”Walter White (Bryan Cranston)

Un elenco que sostiene el peso de la historia

  • Bryan Cranston como Walter White, el profesor de química que se transforma en Heisenberg.
  • Aaron Paul como Jesse Pinkman, el joven ex alumno que se convierte en su socio y en el corazón emocional de la historia.
  • Anna Gunn como Skyler White, la esposa que enfrenta el derrumbe de la familia y el descubrimiento de la doble vida de su marido.
  • Bob Odenkirk como Saul Goodman, el abogado deslenguado que después tendría su propia serie derivada, Better Call Saul.

El universo que dejó Breaking Bad no termina con el último capítulo. La precuela Better Call Saul, centrada en el personaje de Odenkirk, llegó al puesto 27 de la misma selección de las 100 mejores series del siglo XXI, mientras que El camino, la película de 2019 escrita por Gilligan y dirigida por él mismo, se encarga de cerrar la historia de Jesse Pinkman con Aaron Paul de nuevo en el papel. Serie original, derivada y filme ofrecen, así, tres maneras distintas de volver sobre los mismos personajes y de comprobar por qué una historia ambientada en Albuquerque terminó hablando de cosas muy universales: el miedo a morir sin haber dejado nada, la tentación del dinero fácil y el momento exacto en que uno cruza una línea de la que ya no hay vuelta atrás.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

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