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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Paraná

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Arenas, maldiciones y un beso bajo la luna egipcia: el viaje que empezó con La momia de Brendan Fraser y Rachel Weisz

Repaso, en primera persona, de la película de 1999 que reanimó al monstruo clásico de Universal y le dio a Hollywood una trilogía de aventuras, sustos y romance.

RM
Renata MolinariCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Arenas, maldiciones y un beso bajo la luna egipcia: el viaje que empezó con La momia de Brendan Fraser y Rachel Weisz

Arrancamos por un sonido, como me gusta arrancar estas notas: el de la arena fina cayendo de una lámpara, ese crepitar suave que en La momia aparece apenas se abre la tumba de Imhotep y que, honestamente, me transporta directo al living de mi casa de los doce años, cuando mi viejo pasaba el VHS hasta gastarlo. Si hay un ruido que para mí significa aventura ochentosa-noventosa, es ese. Y si hay una película que lo convirtió en himno, es esta: la de 1999, dirigida por Stephen Sommers, con Brendan Fraser y Rachel Weisz como esa pareja imposible que uno, de chico, quería imitar, y de grande, sigue queriendo imitar.

Lo que me gusta de La momia es que nunca te hace elegir entre el género aventura y el terror: te los da en el mismo plano, como si fueran dos primos que se llevan a los gritos pero terminan arreglándose en el bondi. Sommers recupera al monstruo clásico de Universal, ese ícono del cine en blanco y negro, y lo planta en una película de exploración, riesgos y romance. Es una idea sencilla, casi de manual, pero funciona porque respira: hay tiempo para la arqueología, hay tiempo para la carcajada, hay tiempo para el susto y, sobre todo, hay tiempo para que Rick O'Connell y Evelyn Carnahan se miren como si el Nilo entero dependiera de ellos.

De qué va, sin spoilers de los que duelen

  • Fraser interpreta a Rick O'Connell, un aventurero que llega a las ruinas de Hamunaptra con más cara de héroe que de plan.
  • Rachel Weisz es Evelyn Carnahan, una egiptóloga brillante que sabe más de jeroglíficos que de hombres y, justamente por eso, termina encontrándose con uno.
  • Allí descubren la tumba de Imhotep, un sacerdote sobre el que pesa una maldición milenaria.
  • Su regreso como momia transforma la exploración en una amenaza que alcanza al mundo entero, y ahí es donde la acción, el terror y el romance se dan la mano, se toman un trago y se quedan a vivir juntos.

Me detengo un segundo en lo de Imhotep porque me parece lo más jugoso de la película: Sommers lo usa como motor de todo, como ese motor que reúne los componentes de la trama y no los suelta hasta los créditos. Cada vez que la momia avanza, el grupo corre; cada vez que el grupo corre, Evelyn descubre algo; cada vez que Evelyn descubre algo, se enamora un poco más. Es de manual, sí, pero el manual, cuando está bien escrito, no empaca a nadie. Y Sommers, en esta, lo escribe con mayúsculas.

Una trilogía que se estiró una década

El primer viaje no se quedó solo. La momia de 1999 abrió una trilogía que se completó con El regreso de la momia, estrenada en 2001, y con La momia: La tumba del emperador Dragón, de 2008. Es decir: arrancó a fines de los noventa y se cerró ya entrada la década siguiente, dejando a varios de nosotros con la duda de si volver al cine a ver a Jet Li en el papel del emperador o directamente esperar a que la pasaran otra vez por cable. Con el diario voy en corriente, decía mi abuela, que tenía una frase para cada momento y también para cada plan de domingo a la tarde.

Indiana Jones, pero con más besos

Si hay una referencia inevitable cuando uno habla de La momia, es Indiana Jones. La mezcla de exploración, riesgos y romance que Steven Spielberg y compañía dejaron como molde aparece acá casi a la vista, pero Sommers la articula alrededor de dos personajes con perfiles muy distintos: un hombre de acción puro, Fraser con esa sonrisa enorme y esos pectorales que parecen tallados a propósito, y una especialista en el antiguo Egipto que, encima de ser la que descifra los acertijos, es la que sostiene emocionalmente la película. Que la protagonista sea ella, y no él, no es un detalle menor: es parte de lo que hace que, más de dos décadas después, uno siga volviendo. Y volviendo, sigo en mi buta sentado, claro como La última parte de esta nota, que es una invitación.

“¿Qué lugar ocupa La momia entre las películas de aventuras que volverías a ver?”Renata Molinari, Cultura y espectáculos
RM
Renata MolinariCultura y espectáculos

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