El billete de mil pesos, una reliquia que ya no estira la billetera ni se ve seguido en los bolsillos
A casi nueve años de su primera impresión, los mil pesos compran apenas un cuarto de kilo de pan o menos de medio litro de nafta, mientras los papeles de diez mil y veinte mil ganan la calle.

El río en el puerto de Goya marca hoy 1,82 y todavía no arrancó la bajante de fin de invierno, pero lejos del Paraná el indicador que mejor refleja la pérdida de valor de la moneda es uno mucho más doméstico: el billete de mil pesos. La denominación que llegó a las cajas de los bancos el 30 de noviembre de 2017 para hacerle frente a la inflación y que en julio de 2024 alcanzó su pico de circulación, con 6.212 millones de unidades en la calle, hoy apenas se estira para comprar 200 gramos de pan o 0,49 litros de nafta súper. Es un papel que sobrevive por inercia más que por poder de compra, y la comparación con lo que rendía hace casi nueve años deja en evidencia un achique que toca de lleno la vida cotidiana de los argentinos.
Para dimensionar el cambio, alcanza con mirar la lista de compras. En diciembre de 2017, con un billete de mil pesos un ama de casa podía volver del almacén con 24,66 kilos de pan francés tipo flauta en la bolsa; en agosto de 2026, con el mismo papel regresa apenas con 0,20 kilos, lo que en la balanza equivale a unas pocas rodajas finas. La harina de trigo común 000 pasó de 90,66 kilos a 0,94 kilos; el arroz blanco simple, de 45,25 a 0,54; el asado, de 7,55 kilos a 0,06; el pollo entero, de 25,23 kilos a 0,21. Son cifras que marean porque muestran cómo una denominación que sigue siendo la más impresa del país quedó reducida a un pedacito de mercadería.
El colectivo, la nafta y el bolsillo del jubilado
El recorte se nota igual fuera de la verdulería. En diciembre de 2017 los mil pesos alcanzaban para 166,7 boletos de colectivo en el Área Metropolitana de Buenos Aires; en agosto de 2026 el mismo billete paga apenas 1,2 viajes. Para la nafta súper, la capacidad de compra cayó de 44,13 litros a 0,49 litros, casi nada más que el olor a surtidor. Las cifras, difundidas por el portal de estadísticas económicas que sigue la evolución de los billetes, dejan una conclusión incómoda: para quien cobra la jubilación mínima o cobra en efectivo y depende del cambio chico, el de mil dejó de ser un papel útil y se convirtió en un problema.
“Yo antes iba al mercado con tres o cuatro billetes de mil y me alcanzaba para todo el día; ahora tengo que llevar un pucho de diez mil y encima me quedo corto. El de mil ya ni te lo dan de vuelto, te lo reemplazan por monedas o por un billete más grande.”Carlos, pescador del riacho Goya
Menos papeles de mil, más papeles grandes
La pérdida de poder de compra vino de la mano de un cambio silencioso en la composición del efectivo. Desde agosto de 2024, cuando tocó el récord de 6.212 millones de unidades, la cantidad de billetes de mil empezó a bajar y en agosto de 2026 se ubicó en 1.203,9 millones. En paralelo, las denominaciones mayores ganaron la calle: hay 947,1 millones de billetes de diez mil pesos y 816,7 millones de veinte mil, estos últimos en circulación desde noviembre de 2024. El reemplazo permite transportar montos equivalentes con menos papeles, lo que no significa que haya menos dinero en la calle, sino que cada billete vale más en términos nominales, aunque cada uno rinda menos en la góndola.
Aun con esa retracción, el de mil sigue encabezando el ranking de unidades: es el papel más impreso del país, aunque su presencia en los comercios sea cada vez más residual. Lo que viene, si la inflación no afloja, es otra escalada de denominaciones: el Banco Central ya tiene listos los prototipos de cincuenta mil y la próxima crecida del Paraná, que se anuncia para fines de septiembre, traerá otra vez el agua a Goya y la misma pregunta de siempre sobre cómo se recompone el poder de compra de un billete que ya no estira la billetera ni se ve seguido en los bolsillos.
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